Muchas veces, como espectadores, vemos en la pantalla escenas a las que no asignamos mayor importancia, pero cuya concreción ha demandado un enorme esfuerzo, y revelan la tremenda complejidad que tiene cualquier producción cinematográfica. En Tucumán, ha empezado a rodarse el lunes el largometraje "El sexo de las madres". En la escena 110 del guión escrito por la también directora de la película, Alejandra Marino, puede leerse esta indicación: "JUAN le muestra las fotos a ANA. Son muy bellas. Las lápidas, las inscripciones en las piedras, las flores podridas y las de plástico. En una de las fotos que JUAN sacó en automático, está RAMIRO junto a él y a ROBERTA... ANA le devuelve la cámara a JUAN".
Cuando el plan de rodaje lo determine, se filmará esta escena; pero previamente, ha debido concretarse un despliegue de producción que casi seguramente, ningún espectador estará en condiciones de apreciar. En efecto, dos días antes del comienzo del rodaje, nada menos que 15 personas se movilizaron para lograr las fotos que se verán en esa fugaz escena.
En realidad, la tarea comenzó mucho antes; entre diciembre y enero, un asesor de locaciones recorrió varios cementerios, y tomó fotos que posteriormente puso a consideración de la directora de la película; la realizadora se decidió por uno de ellos, se gestionaron los permisos correspondientes y, finalmente, los asistentes citaron al equipo artístico y técnico en la fecha elegida para realizar las fotos.
En el punto de reunión se encontraron los actores que encarnan a los personajes que aparecen en las fotos (Roberta, Juan y Ramiro) con el peluquero, la maquilladora y la encargada del vestuario; una vez preparados, el encargado de la continuidad tomó nota exhaustiva del vestuario, los accesorios y la apariencia de cada uno de los personajes, para que en las escenas previas y posteriores se vean exactamente igual. Posteriormente, la directora y sus dos asistentes, los tres actores, el director de fotografía del filme, un fotógrafo, la directora de arte y su asistente abordaron dos vehículos (guiados por sus respectivos conductores) para trasladarse hasta la locación elegida. Una vez allí, se realizaron decenas de tomas, para proporcionar a la realizadora la mayor cantidad de variantes a la hora de elegir las fotografías. Después de unos 20 minutos de viaje de ida y otros tantos de vuelta, y de aproximadamente una hora de trabajo en la locación, el equipo se dispersó con la tarea cumplida.
Un detalle: tal vez, en la etapa de montaje del filme y por motivos diversos, podría ocurrir que se decida reemplazar la exhibición de las fotos por un simple diálogo o hasta suprimir la escena completa, con lo que todo lo hecho tendría incidencia nula en la película que verá el espectador.